
Había una vez una nena llamada Aurora que tenía una caja de lápices y que estaban muy ordenados sobre el escritorio de ella.
Cuando Aurora se iba a la escuela los lápices empezaban a correr dibujar y espiar por la ventana. Y pasaron y pasaron los días.
Pero un día Aurora se olvidó la campera y cuando entró a su cuarto
estaban todos los lápices jugando. Como se divirtió tanto
se puso a jugar con ellos y se olvidó de ir a la escuela.
La maestra estaba tan preocupada que llamó a toda la familia.
El que atendió el teléfono fue el hermano. Entonces entró al cuarto
de Aurora para ver si estaba. Como le gustó tanto el juego se enganchó a jugar con los lápices de colores. Después fue la mamá y también como se divirtió tanto se puso a jugar con los dos hijos y con los lápices. Después vino el papá. El papá se enganchó a jugar con ellos. Al rato llegaron la tía y el tío y cuando entraron al cuarto de Aurora se pusieron a bailar con música de rock. Más tarde vinieron los abuelos. Como eran más viejitos en vez de bailar hicieron hamaquita agarrados de las manos y de los pies con los nietos.
Al final llegó la maestra con todos los chicos del grado de Aurora.
Los chicos entraron corriendo al cuarto y como les gustó tanto lo de la hamaquita se la empezaron hacer a la maestra. Los lápices mientras tanto les hacían cosquillas en la panza a la abuela, al abuelo y a la maestra.
Cucaracho Nacho